La inacción como gestión

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Durante 54 días los bares de Molina Lario, Císter, Duque de la Victoria y Santa María mantuvieron sus terrazas a pesar de carecer de autorización

Y sin que el Ayuntamiento adoptase medida alguna

Algo huele a podrido en el reino de Dinamarca”. Es lo que le dice Marcelo a Hamlet y a Horacio en una de las obras universales de la literatura. Las palabras escritas por la mano de William Shakespeare se repiten de manera casi ordinaria por el común de los mortales cuando algo raro ocurre. La naturaleza misma del mensaje tiene actualidad estos días al asistir a la última polémica en la que, muy a su pesar, se ha visto envuelta la hostelería malagueña. O mejor dicho, parte de ella.

Asumido el papel sustancial de esta actividad en la economía local y la creación de puestos de trabajo, el comportamiento de algunos de los empresarios que se ganan la vida en este campo viene resultando más que cuestionable. Su interés por convertir en espacio de lucro particular lo que es del conjunto de malagueños, la calle, las aceras, no merece más que una crítica justa. Un cuestionamiento sustentado de manera inequívoca por la literalidad de las normas que regulan el modo en que puede ser ocupada la vía pública.

EL ÁREA RESPONSABLE DE COMERCIO Y LA POLICÍA LOCAL, RETRATADOS POR LO OCURRIDO CON LAS TERRAZAS

Sin embargo, lo sucedido en estos últimos meses en cuatro de las calles del casco antiguo (Molina Lario, Santa María, Císter y Duque de la Victoria), en las que los locales han permanecido con sus terrazas abiertas a pesar de carecer de la necesaria autorización municipal, más que poner en cuestión a los propietarios de esos negocios, retrata la gestión del Ayuntamiento en la materia. Desde hace largo tiempo existía cierta sombra de duda sobre la eficacia de las medidas municipales a la hora de controlar la instalación de mesas y sillas en la zona del Centro. Los interrogantes se multiplican ahora de manera exponencial tras observar lo sucedido desde el día 1 de enero hasta el pasado jueves.

En ese intervalo de días, el área de Reactivación Económica y Promoción Empresarial, que tiene asumidas las competencias en materia de comercio, era conocedora de que los establecimientos localizados en esas vías carecían del citado permiso. Fundamentalmente porque fue ese mismo departamento el que, primero en febrero y después en junio del año pasado, ya informó a esos mismos locales de que no les serían renovadas las autorizaciones de terraza con el arranque de 2017. Y a pesar de ello, que se sepa o se haya informado desde el propio Consistorio, no se impulsó acción alguna para restaurar la normalidad.

En Molina Lario, en Císter, en Duque de la Victoria y en Santa María, desde el 1 de enero hasta el pasado jueves, los empresarios han estado poniendo las mesas, las sillas y los expositores en los mismos lugares en los que lo venían haciendo cuando sí tenían la aquiescencia municipal por escrito. ¿Por qué? Los propios afectados o, para ser más precisos, la asociación que los representa, Mahos, alegan que existía un “permiso tácito” para que eso fuese así.

¿Puede un Ayuntamiento conceder un permiso tácito mediante el que permitir un comportamiento que incumple la norma de la que se dota para controlar esa actividad? Una normativa que, vigente aún, tipifica como “muy grave” el ocupar la vía pública con mesas y sillas sin la autorización correspondiente. El devenir de los acontecimientos es la más adecuada de las respuestas, al punto de confirmar la existencia de una supuesta buena voluntad del área dirigida por la concejala María del Mar Martín Rojo de posponer cualquier acción a que culminase la vía de diálogo abierta meses atrás.

La permisividad de Comercio tuvo su fin el pasado jueves, cuando en el marco de una reunión con los empresarios de Molina Lario se les instó a que retirasen de manera voluntaria las terrazas o serían sancionados por ello. Curiosamente, el giro en la actitud municipal, que pilló por sorpresa a los hosteleros, se produjo horas después de que la Policía Local se adelantase con la inspección en la tarde del miércoles de los primeros locales, tarea que continuó en la mañana del jueves y que concluyó con cuatro establecimientos sancionados. Y a pesar de su reacción, el área de Seguridad también queda señalada, por cuanto sabía desde finales de enero de la situación irregular en la que se hallaban esas terrazas, a pesar de lo cual dilató cualquier posible intervención.

Casi dos meses después, no hay mesas ni sillas ni expositores. Y ese vacío alimenta un debate que sigue inconcluso en torno a la hostelería, al Centro, a la ocupación de lo que es de todos, al modelo de ciudad que se quiere, al turismo de cruceros, a la calidad de la oferta… Pero lo ocurrido esta semana, sobre todo, acrecienta las dudas y los interrogantes sobre la capacidad municipal para actuar ante un fenómeno que, por la experiencia ya acumulada, a todos se nos escapa.

MALAGAHOY

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